La salud ósea es uno de los temas más importantes para la salud de la mujer una vez llega a la menopausia. Los cambios en un cúmulo de factores fisiológicos en la mujer en especial la disminución de los niveles de estrógeno- afectan el proceso de remodelación ósea haciendo que se pierda más hueso del que se repara. Esto tiene repercusiones en su arquitectura íntima como lo son la disminución de la masa ósea y la consecuente erosión de la estructura interna de los huesos. Este proceso conduce a la osteopenia inicialmente y finalmente a la osteoporosis; ambas condicionan en quienes las sufren de ellas a tener aumentado el riesgo de sufrir fracturas -de la cadera en el cuello del fémur, o del antebrazo (fractura distal de radio)- o el colapso de estructuras óseas como las vértebras lumbares.
La actividad física y el ejercicio juegan un papel importante en el manejo y la prevención primaria y secundaria de la osteoporosis pues contribuyen a la masa ósea pico y a crear el “capital óseo” que se obtiene exclusivamente las edades de crecimiento -niñez y preadolescencia-. Para los adultos, y en especial para las mujeres, el ejercicio tiene mucha utilidad para disminuir la rata de pérdida ósea asociada a la edad o para prevenir el riesgo de caídas.
El ejercicio aeróbico con carga y el ejercicio de resistencia -reforzamiento muscular- son esenciales para las personas con riesgo o con diagnóstico de osteopenia u osteoporosis. Sus mayores beneficios se obtienen incluyéndolos a sus actividades de autocuidado y asociándolos a un adecuando seguimiento médico y de nutrición.
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